El show debe continuar

Dos días rodeada de tristeza, dan para pensar. Alguien cercano nos ha dejado y yo, como mera acompañante de los familiares, únicamente he podido poner mi hombro para aquel que lo necesitara. En estos casos no se puede hacer mucho más. A mí en particular, me da por reflexionar, mirar a mi alrededor y prestarle atención a la vida. Esa que se nos pasa en un abrir y cerrar de ojos. Esa que no valoramos hasta que nos damos cuenta que en cualquier momento la podemos perder. Esa que nos brinda un sinfín de oportunidades que dejamos pasar al pensar que otro tren llegará.

 
Pero no es así.

 
Solamente hay un tren.

Y al observar a quienes me rodean y pararme a prestarle un poco de atención a la vida, es cuando abro los ojos. Y me doy cuenta que nos preocupamos día tras día de aspectos insignificantes que solemos llamar “problemas”. Pero son solo eso, cosas sin importancia. Lloramos porque las vacaciones se nos acaban. O porque parece que nunca llegan. Lloramos porque nadie nos quiere contratar. O porque queremos dejar de trabajar. Lloramos por desamores. Por complejos físicos. Por desilusiones. En definitiva, lloramos porque no podemos tener lo que ansiamos. Pero no nos damos cuenta que poseemos algo mucho más importante. Nos han brindado con la oportunidad de vivir.

Vivir. Algo tan fácil que se nos antoja tan difícil.

Y aquí estoy. Observando una vida que se ha ido. Una vida que bien podría haber sido la mía, porque nunca sabemos cuándo nos va a tocar. Puede que dentro de cincuenta años o puede que dentro de menos. Solamente en momentos como éste es cuando todos nos paramos a pensar en lo efímera que es esta obra de teatro en la que participamos. Y no debería ser así. Deberíamos ser conscientes en todo momento que la función puede finalizar para nosotros el día menos pensado, aunque la obra continúe para otros.

Frente a mí, una amiga se acaricia su vientre abultado. Le pregunto cuánto le queda para salir de cuentas y el brillo de sus ojos dice que unas tres semanas. Ese brillo es distinto al de los que lloran la pérdida. Ese brillo espera impaciente una nueva vida que está por llegar. Porque el mundo no se para. Porque la vida sigue. Porque debemos continuar disfrutando de lo que nos depara el futuro y minimizar aquello que llamamos problemas. Relativizar todo lo malo que nos pasa y empezar a disfrutar de quienes nos rodean. Y de lo que nos rodea. Una vida se acaba, pero las demás siguen. Y otras nuevas vendrán. La vida continúa y debemos aprovecharla al máximo.

El show debe continuar.

 

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9 Comments

  1. Me gusta tu entrada Cris. Es cierto que en situaciones luctuosas es cuando uno se plantea problemas trascendentales de la vida. Disfrutemos de los pequeños y continuos placeres de la vida, de la sonrisa de un niño, del aroma de una flor o del Te Quiero. Lamentarse por lo pasado es evitar que disfrutemos del presente. Preocuparse del futuro es evitar que sonriamos al presente.
    Que continúe el show, yo mientras disfrutaré esta mañana mientras leo.
    Buen fin de semana Cris

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