Respira, disfruta, vive

Te levantas por la mañana siendo conocedor del día que te espera. Ir al trabajo, aguantar a tu jefe, a clientes, proveedores, volver a casa, tráfico, hacer la cena, la comida para mañana, ver la tele un rato, ir a la cama, dormir. ¡¡Buff!! Has entrado en modo autómata y cada día haces exactamente lo mismo. Como en “El día de la Marmota”. Y entonces llega una mañana en la que al despertar sientes que tu vida está vacía. Que ya nada tiene sentido.

Te empiezas a dar cuenta que llevas años repitiendo las mismas acciones durante cada día. Esperando que llegue el verano para tener tus ansiadas vacaciones. Y cuando éste acaba, empiezas con el síndrome post-vacacional. Y deseas que te toque la lotería para dejar de trabajar. Pero luego pasan los meses y vuelves a acostumbrarte a tu automatismo. Y vuelves a levantarte por la mañana para hacer lo que cada día haces. Hasta que vuelves a despertar un día pensando que tu vida está vacía y que ya nada tiene sentido.

Tienes dos opciones. Seguir con tu rutina y adentrarte en la desmotivación o buscar algo que te haga sentir que estás vivo. Aunque sean pequeñas cosas, como el nuevo corto de Estrella Damm. Apúntate a esas clases de baile que tanto te apetecen, ve al concierto de ese grupo de música que tanto te gusta, publica esa novela que tienes escondida en el cajón de tu escritorio, visita ese país que tantas ganas tienes de conocer.

Quizás crees que con esas pequeñas cosas no hay suficiente. Que tú nunca tendrás una vida perfecta. Miras a tu alrededor y crees que los demás están mejor que tú, pero no es así. Lo que pasa es que no te lo dicen. Están en tu misma situación. Todos vamos buscando una vida idílica y no nos sentiremos felices hasta que la encontremos. Sin embargo, no nos damos cuenta que la perfección no existe. Si somos conscientes de que los cuerpos perfectos que nos enseñan en las revistas no son reales, sino que van cargados de Photohop, ¿por qué no queremos darnos cuenta que las maravillosas vidas de las películas que vemos tampoco lo son? Abre los ojos y analízate. No todo está tan mal, ¿verdad?

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Deja de buscar la vida perfecta que nunca alcanzarás y empieza a disfrutar de ella. Sal a la calle y diviértete. Deja el móvil y queda con tus amigos. Pasea al volver del trabajo y mira a la gente de tu alrededor. Ve al campo, quítate los zapatos y camina sobre él. Huele el césped recién cortado de los parques, mira al cielo y asómbrate con su magnitud. Ve a la playa y adéntrate en el mar. Nota el frescor del agua recorriendo tu cuerpo. Cómete un helado sin pensar en sus calorías. Disfruta los años de vida que te quedan por delante porque los que vas dejando atrás nunca volverán. Respira. Disfruta. Vive.

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8 Comments

  1. Hola Cris! Me ha gustado tu post. Mi opinión es sencilla, porque no tengo otra: con levantarme cada día, soy feliz porque tengo una nueva oportunidad de hacer lo que no pude hacer ayer, al igual de enmendar aquello que no debí hacer. Por tanto, en las cosas sencillas me fijo, sin buscar nada más.

    También es cierto que llegué a esta conclusión porque sí que tengo un hijo (estando yo sólo), el sofá ni lo veo (por trabajar y trabajar en dos actividades antagónicas) y porque sólo tengo el 50% de mis padres. Tanto ‘despropósito’ es lo que me hace ver las esencias de la vida y no buscar más allá que reir y respirar everyday 🙂 Pero bueno, cada uno es cómo plantearse la vida toca. Sólo es cuestión de paciencia y años más adelante. Disfruta. Como escribiendo en tu bonito blog. Un saludo 🙂

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