¿Qué te pasa?

Me acomodé en el sofá con una cerveza en la mano y agotado después de un duro día de trabajo. Frente a mí, una presentadora de informativos con unos grandes pechos, me explicaba por enésima vez la situación política del país. Que si éste está imputado, que si el otro no está de acuerdo con las medidas económicas del actual gobierno, etc. Y yo, en modo “encefalograma plano” dejaba mi mirada perdida sobre la pantalla luminosa del televisor, sin prestar apenas atención.

-¿Qué te pasa? -Me dijo ella, sentada en el otro lado del sofá.
-Nada. -Respondí escueto.
-Algo te pasará. Estás muy callado. -Insistió.
-Estoy cansado. -Aclaré.
-Siempre igual. –Resopló ella. -En algo estarás pensando.
-No. No pienso en nada.
-Eso no puede ser. Algo te tiene que pasar por la mente. -Debatió.
-Que no pienso en nada, ni me pasa nada. -Contesté cansino.
-No entiendo por qué no me cuentas tus problemas. Yo siempre te cuento lo que me pasa. Y si no es a ti, se lo cuento a mis amigas, que para eso las tengo. Pero es que tú ni eso.
-Por favor. -Supliqué. -Déjame tranquilo. Me estás agobiando.
-Entonces, ¿soy yo el problema?

mariposasdecrisNo me lo podía creer. Es increíble cómo las mujeres tienen la capacidad de darle la vuelta a la tortilla con esa facilidad. Era verdad que no me pasaba nada. Llevaba todo el día discutiendo con proveedores y dando explicaciones a mis jefes y lo único que quería al llegar a casa era tomarme una maldita cerveza fría frente al televisor. Nada más. Pero ella no era capaz a de concebir algo tan simple. Desde el otro lado del sofá, ya desmaquillada y enfundada en su pijama de verano, me miraba con fijación esperando unas explicaciones que yo no le podía dar, mientras a mí se me iba la mirada a sus piernas desnudas. Como no tenía ganas de discutir. Me levanté y fui a la cocina a preparar la cena.

-¿A dónde vas? Estamos hablando.
-A hacer la cena. ¿Puedo? -Pregunté, ya en un estado nervioso.
-Ya no te acuerdas, ¿verdad? -Me sorprendió.

Mierda. ¿De qué debía acordarme? Hice un rápido repaso mental por el calendario. ¿Era nuestro aniversario? ¿Su cumpleaños, quizá? ¿Habíamos quedado para cenar con algunos amigos y no me acordaba? Ante la duda, me aventuré.

-¿Felici…dades? -Le dije con cautela.
-Eres idiota. -Se rió. -No es mi cumpleaños.

Y yo me contagié de su bonita sonrisa. Durante los siguientes segundos, juro que no sé qué es lo que pasó, pero el ambiente había dado un giro de ciento ochenta grados y ahora los dos reíamos, sin saber muy bien por qué. Bueno, ella sí lo sabía, pero yo no.

-Me refiero a esto. -Dijo señalándonos a los dos. -Ya no te acuerdas. No recuerdas cuando reíamos sin motivo alguno. Cuando nos divertíamos con tan solo estar uno al lado del otro. Has olvidado cuando hablábamos de temas absurdos pero que para nosotros eran importantes. Importantes porque era tiempo de calidad que pasábamos juntos. Ya no te acuerdas, ¿verdad?

Sus palabras de cernieron sobre mí como un jarro de agua fría. Siempre conseguía sorprenderme y hacerme ver más allá de donde mi mente podía alcanzar. Tiempo de calidad… me repetí. Solamente era eso lo que ella quería. Volví al sofá y me senté a su lado acariciándole la pierna desnuda. Estaba tan suave y tersa como siempre.

-Perdona. -Me disculpé. -Estoy agobiado con el trabajo. Tengo problemas con los proveedores y mis jefes me presionan para arreglarlo cuanto antes.
-¡Aja! –gritó victoriosa. -¡Lo sabía! ¿Ves cómo sí te pasaba algo? -Concluyó con dulzura mientras acariciaba mi nuca poniéndome la piel de gallina.

Maldita sea. Al final iba a tener ella razón. Supuse en aquel momento que lo que para mí era “nada” para ella era “algo”. Tal vez no quise contarlo por no agobiarle con mis problemas, o tal vez no supe expresarlo con palabras. Esa gran mujer con la que tenía la suerte de vivir, me había vuelto a abrir los ojos. Me acerqué más a ella, apagué el televisor, y me olvidé de la presentadora de grandes pechos, de los proveedores, de mis jefes e incluso de la cena.

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11 Comments

  1. Es genial. Muestra perfectamente la capacidad de tornar las situaciones y admirar la belleza de lo que tenemos a nuestro lado. Escrito de una forma preciosa y reveladora. Enhorabuena.

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