Alguien normal

Estaba aterrada. Bajo su amable rostro se escondía una gran inseguridad. Tenía miedo al rechazo. Que pensaran de ella que estaba loca. Su enfermedad mental era algo con lo que llevaba años conviviendo y ocultando a la sociedad. Solamente sus padres y hermanas conocían cómo era ella en realidad. Suspiró profundamente, antes de pronunciar esas temidas palabras.

-Soy bipolar. –Se atrevió a decir.

El corazón empezó a bombearle más rápido de lo normal. Esperaba una desgracia. Esperaba que esa chica que tenía frente a ella, la mirara con cara rara, se riera o, lo que es peor, se levantara de la silla de aquella cafetería y se largara de inmediato para, después, no volver a saber nada más de ella.

-Vale. –se limitó a decir su amiga.

-¿Vale? –Preguntó sorprendida. -¿Nada más?

Recordó otros momentos de su vida. Recordó cuando no tenía fuerzas para afrontar la noticia que los médicos le dieron aquel día. Recordó esos días en los que creía que su mundo se venía abajo. Que estaba todo perdido. Pensaba que nunca tendría el valor de afrontar la bipolaridad y que sería incapaz de confesarle a alguien lo que ella era. Había llovido mucho desde aquello, pero su enfermedad seguía allí. Y la acompañaría de por vida.

-Bueno… -continuó su amiga. –Si quieres, puedes explicarme un poco en qué consiste ser bipolar… Es que creo que tengo una idea un poco errónea de lo que puede ser eso… ¿Quieres decir que lo mismo estás súper feliz que súper triste?

Empezó a tranquilizarse al ver que su amiga, lejos de asustarse, se interesaba por esa enfermedad con la que tenía que convivir desde que iba a la universidad.

-Más o menos. Es algo así, pero es más complicado que eso. Se trata de episodios por los que paso.

-Tienes como una especie una depresión, ¿quieres decir? –dijo su amiga con interés.

-Una persona bipolar puede entrar en un episodio depresivo. No querer levantarte de la cama, estar siempre triste… ya sabes… como una depresión más. –Dijo, animada a explicarle un poco más a su amiga. –Lo que pasa es que otras veces, pasas al otro extremo.

-Pero entonces, eso es bueno, ¿no? Quiero decir, cuando estás súper contenta, debes verlo todo de color de rosa.

-Hombre, no es así del todo. Una cosa es tener alegría y otra muy distinta es la manía o hipomanía.

-La hipo… ¿Qué?

-Hi-po-ma-ní-a -repitió lentamente. -Se trata de un trastorno que te hace tener hiperactividad, cambios de sueño, verborrea… Y como no lo controles, puedes tener graves consecuencias porque te desinhibes de tal manera que puedes conducir de manera temeraria, hacer inversiones de dinero alocadas y arruinarte… Por ponerte algunos ejemplos. Es decir, estás más activa de lo normal y corres el peligro de vivir en un mundo que no es real, no tienes los pies en el suelo. Y eso es peligroso.

-¿Y tú has estado en los dos extremos?

-Así es. Si solamente entras en estado depresivo, te diagnostican depresión. Cuando entras en los dos estados, es cuando te diagnostican bipolaridad. A mí me lo diagnosticaron en una de esas crisis en la que tuvieron que ingresarme en el hospital.

Los nervios volvieron. Explicarle a una amiga que has estado ingresada por un episodio bipolar, no era algo fácil de afrontar.

-¿Y ahora estás mejor? –dijo su amiga con naturalidad.

-Sí, gracias al litio. –Continuó. –Pero no es algo que se pueda curar. Esto es para toda la vida. Cada día tomo la dosis que me tiene diagnosticada mi médico, que puede variar en función de lo que mi cerebro necesite.

-Pero, puedes hacer vida normal, ¿no? Quiero decir, yo te veo muy normal…

Normal… Su amiga le estaba diciendo que la veía normal. No la veía loca, ni enferma ni nada de eso. La veía normal. Tuvo que repetirse mentalmente esa palabra varias veces para continuar su historia.

-Sí. Solamente tengo que llevar una vida calmada y estable. Sin muchos cambios, dormir las horas necesarias, ya sabes… tener unas rutinas. Eso me estabiliza mucho.

-Bien. –sonrió su amiga. –Vale, tengo que admitir que cuando me has llamado para quedar porque tenías que contarme algo sobre ti, ibas a darme una mala noticia. En plan, que tenías cáncer o algo así. Me alegra saber que solo es eso.

 

Trastorno-bipolarSolo eso… repitió para sí misma. Esperaba que en aquella cafetería se creara un drama sobre ello. Pero no fue así. En cambio, se encontró por primera vez hablando de su enfermedad como si de una diabetes se tratara. En realidad no tenía nada de malo. Solamente tenía que normalizar la situación. Y con la conversación de su amiga, se dio cuenta que para poder hablar de ello con naturalidad, primero debía convencerse a sí misma que ella era una persona normal. Porque lo era. Porque no estaba loca. Porque solamente tenía una carencia como otra cualquiera, que le obligaba llevar una vida tranquila y tomar litio a diario. Y entonces lo entendió. Si ella consideraba su enfermedad como algo normal, el resto del mundo también lo haría. Esa tarde, se fue a casa tranquila, sabiendo que no solamente había ganado una amiga más, sino que había ganado una pequeña batalla a la sociedad.

 

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