Afán de superación

Las maratones están de moda. Todo el mundo lo sabe. Correr ha pasado de ser algo de cobardes a ser algo que todo el mundo hace. Y no digo que sea malo, aunque el ver tanto “runner” por la ciudad corriendo con sus indumentarias fluorescentes me dé a veces un poco de risa. Es deporte y por lo tanto, es bueno. Pero a  lo de correr no me va. No sé si será porque no me sé ver con una camiseta amarilla fluorescente o porque todavía pienso que correr sin destino alguno es un poco absurdo. Si hay que ir, se va, pero ir para nada... El caso es que a mí no me pillarán de esa guisa, por mucho que el que duerme a mi lado intente convencerme con mil argumentos. Con que corra él por los dos, suficiente.

Este fin de semana se ha celebrado la maratón de Barcelona, archifamosa en el mundo entero por todos los “runners”. Y ahí estaba yo. Entre el público, no os confundáis. 20.000 atletas preparados para correr 42 km por toda Barcelona. De punta a punta. Y entre ellos, él. Y mientras esperaba tras una valla publicitaria a que él llegara a meta, observaba a quienes llegaban triunfantes. Y me emocioné. Me emocioné al ver sus caras. Algunos, llegaban ondeando la bandera de su país. Otros, buscaban con una mirada desesperada a sus hijos para saludarles y terminar la carrera con ellos en brazos. Otros rompían a llorar al ver el quilómetro 42 frente a ellos. Y otros se rompían muscularmente a escasos minutos de la meta. Y ahí te das cuenta de la humanidad de las personas. El público aplaudía. ¡Levántate! ¡Solamente son unos metros! ¡No hay dolor! Algunos se acercaban y acompañaban al “lisiado” hasta la meta. Y de pronto, llegaron ellos. En silla de ruedas. Empujados por un grupo de atletas, llegaban a meta después de 42km. Y el público rompió en aplausos. Y a mí la piel se me puso de gallina. Si ellos pueden, todos pueden. Entonces lo entendí. No se trata de vestir con trajes fluorescentes, ni de una moda. Ni tan solo de un hobbie. Se trata de cumplir un objetivo. Una meta. Ya sea en una maratón o en cualquier aspecto de la vida. Si ellos pudieron acabar esa carrera en silla de ruedas, tú también puedes hacer lo que te propongas. Solamente es cuestión de tener un buen afán de superación.

Maraton Barcelona

Así que no me queda más que felicitaros a todos los que conseguisteis llegar a la meta. En especial a tí, Víctor, que lo conseguiste una vez más. A los demás, seguid siendo así de valientes para conseguir llegar a vuestros objetivos. Porque ahora sé que correr no es de cobardes.


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