Cuando la inspiración está por los suelos y la precariedad laboral por las nubes

Será que se acerca la primavera, que la sangre altera. Será que se acerca mi cumpleaños o será que los días cada vez son más largos y las noches menos frías. O simplemente será un cúmulo de cosas que me han estado pasando últimamente, que vuelvo a estar con la inspiración por los suelos, por mucho que mi amiga Bea se empeñe en decirme que cada vez escribo mejor y que me supero día a día. Mi cabeza quizás ha llegado al punto en el que ha dicho basta. Basta de querer llegar a todo, de estar en mil sitios a la vez. De ser pluriempleada aunque solo reciba un sueldo. Quizás mi mente necesita estar en modo “encefalograma plano” durante unos días y dedicarse a jugar al Candy Crash para no pensar en nada más. Quizás mi mente me esté pidiendo un descanso para poder volver con las pilas cargadas. Como el conejito del anuncio de Duracell. Sin embargo siento que me debo a mis lectores. A esos que esperan mi siguiente post para darle al “me gusta” en Facebook. A esos que me dicen “nunca dejes de escribir, nos emocionas con tus relatos”.  Llegados a este punto y con la inspiración por los suelos, voy a utilizar el “mariposas” de hoy para hacer una denuncia social.  Porque lo que me ha pasado hoy, no tiene ni pies ni cabeza. Porque me siento en la obligación de dar a conocer al mundo lo que se cuece en el mercado laboral español. Y porque a estas horas sigo en estado de shock.

Ayer por la tarde, recibí una llamada telefónica de esas que te hacen sonreir mientras contestas. Una empresa, cuyo nombre no voy a decir para que mantenga la poca dignidad que le pueda quedar, me llamaba para invitarme a realizar una entrevista de trabajo. Al decirle que ya estaba trabajando y que me era imposible asistir a la hora que me proponía, me ofreció la posibilidad de realizar la entrevista un sábado. Qué raro, pensé. Habitualmente en las oficinas se trabaja de lunes a viernes, sin embargo accedí. Soy de la opinión que nunca hay que cerrarse puertas. Sabiendo que algo no pinta bien, esta mañana me levanto dispuesta a darlo todo en la entrevista. Experta ya en entrevistas de trabajo, me visto adecuadamente con unos pantalones pitillo negros, botas negras de tacón por encima de ellos, blusa blanca modernita de Mango y una cardigan gris, a juego con el pañuelo de lana del cuello. Me maquillo discretamente y me paso las planchas por el pelo recién lavado para que quede liso y desenredado. Me presento en la puerta de la empresa diez minutos antes de la hora acordada, tal y como manda el reglamento. Con los datos más importantes de la empresa grabados a fuego en mi mente, por si me interrogan, entro y pregunto por la entrevistadora.

-Buenos días. –Digo educadamente. –Tengo una entrevista de trabajo con Beatriz. –Digo frente al mostrador.

– Soy yo. –Responde una chica de mi edad. Lleva unos vaqueros desgastados, zapatillas deportivas y un abrigo abrochado hasta el cuello. –¿Tu nombre? –me pregunta buscando un bolígrafo con el que apuntar en su libreta. Me fijo en sus uñas, pintadas de un azul intenso. A veces me pasan estas cosas, que me fijo en los detalles más insignificantes.

– Cristina. –Respondo.

– Bueno, mira, te explico el horario y si te interesa ya puedes sentarte y te empiezo a explicar cómo funciona todo para que empieces ahora mismo.

– Mmm… -Dudo. -¿Cuál es el horario? –me atrevo a preguntar. A decir verdad, no sé muy bien cómo encajar lo que me acaba de decir.

– Aquí se trabaja doce horas.

-¿Diarias? –aunque le haya entendido perfectamente, me siento en la obligación de preguntárselo.

-Sí, diarias. Quiero explicarte bien el horario para saber si lo aceptas. Hay dos turnos, el primero es de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Se trabaja durante quince días seguidos. Después, tienes tres días de fiesta. Cuando vuelves, entras en turno de noche, doce horas también, de 6 de la tarde a 6 de la mañana, durante otros quince días seguidos. Después tienes cuatro días de fiesta y vuelta a empezar. A tí te toca empezar con el turno de noche. ¿Lo aceptas?

Mi cara debe ser un poema en ese momento. Necesito unos segundos para asimilar lo que me está proponiendo. Vamos a ver, me propone trabajar doce horas diarias durante quince días seguidos. No solamente en turno de mañana sino también en turno de noche. Lo de los turnos en las fábricas está a la orden del día, pero en una oficina… raro es un rato. Convencida ya que no debo aceptar ese puesto de trabajo, pienso que quizás debe estar bien remunerado. Por aquello de la nocturnidad y de trabajar fines de semana. Esas horas se pagan bien.

-¿Cuál es el salario? –pregunto esperando una buena respuesta.

– Mil euros. –Y me lo dice sin pestañear.

– Con pagas extras a parte, imagino, ¿no?

-No. Mil euros. Ahí entra todo.

Sonrío. No sé si por retener las ganas de gritarle “¡EXPLOTADORES!” o por lo absurdo de la situación.

-No, no me interesa. –digo aún de pie frente al mostrador. Porque no he llegado ni a sentarme.

– De acuerdo, adiós. –me dice resuelta.

– Gracias por atenderme. –digo manteniendo mi educación.

Y así sin más, me voy de la entrevista más corta que he realizado en mi vida. Quizás haya durado un minuto, pero es el minuto más intenso que he podido vivir en una entrevista de trabajo. Y horas después, sigo en shock pensando cómo se les puede ocurrir ofrecer un trabajo de esas características. El hecho de que quisieran contratarme sin ni siquiera preguntarme abolutamente nada de mi currículum, solamente mi nombre, me hace ver que realmente están desesperados por encontrar a alguien a quien engañar. Doce horas diarias, tanto de día como de noche, mal pagadas y con un aspecto oscuro de fondo que te hace huir de ahí en menos de lo que canta un gallo. Solamente espero que no encuentren a un pobre desgraciado que, desesperado por trabajar, acepte ese trabajo. Solo espero que no lo acepte nadie y se vean obligados a subir el salario o a pagar las horas de nocturnidad y festividad o al menos a reducir las horas de trabajo a las 8 horas diarias LEGALES. Solo espero no volver a encontrarme en una situación igual y deseo con toda mi alma que esta precariedad laboral desaparezca de una vez por todas de este país.

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6 Comments

  1. Mejor redactado, imposible.
    Nuevamente te vuelves a superar, compañera.
    Con tu relato has conseguido que se me revuelva el estómago y se agite mi conciencia.
    Estoy hay que compartirlo con todo el mundo, a diestro y siniestro.

  2. increible… muy buen artículo Cris, y creo humildemente que denunciarlos sería una buena opción. No se puede permitir que haya empresas aprobechandose y hacíendo ricas a costa de la crisis y la situación de desespero de la gente. Igual que cuando les viene bien hacen cumplir las leyes al dedillo, que empiecen a castigar con la ley a este tipo de empresas.

  3. Gracias por mostrarnos la bajezas que hay hoy en día. Tus comentarios inspiran a pelear para conseguir algo mejor para el futuro.

    Fui durante 8 años director de una ETT, la cual he decir que fue en una de las pocas que cumplía con salarios de convenio y condiciones laborales. Llegué a ver toda clase de empresas en el mejor periodo de bonanza del 2002-2006 como ganaban dinero a espuertas y aún así había empresarios y encargados sin escrúpulos.

    Yo quiero trabajar y estoy buscando trabajo, quiero ganar dinero para vivir, pero también quiero hacerlo sin tener que lamentarlo físicamente o psiquicamente en un futuro.

    Si no los denuncias, por lo menos me gustaría saber quienes son para evitar a mi y a conocidos falsas esperanzas.

    Saludos

    Y enhorabuena por este blog.

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