Crisis de conciencia

Estoy hasta los mismísimos de la gente prepotente. Ya está, ya lo he dicho. Estoy harta de gente que cree que por tener un status social, un buen puesto de trabajo o, yo qué sé, un buen coche, se crea con el derecho de ofender, humillar o despreciar a quienes le rodean. Harta de que no entiendan que todos, absolutamente todos, somos iguales. Provengamos de donde provengamos. Seamos hombre o mujer. Seamos de la raza que seamos. Tengamos la edad que tengamos. Porque es así. Un hombre de 55 años no es superior a una chica de 30, por mucho que se crea más vivido. Quizás la chica de 30 haya tenido muchas más experiencias que él.

Estoy harta de conformismos. Estoy harta de gente que acepta estas actitudes y que crean que eso es lo normal. Porque no lo es. Ya está bien. Ya está bien de aguantar a gente prepotente. Al menos yo, ya no les aguanto más. Y ya está bien de conformarnos. El mundo está hecho así y no se puede cambiar, dicen algunos. Entonces, ¿continuamos como estamos? ¿Aceptamos trabajos con jefes déspotas a cambio de un mísero sueldo? ¿Aceptamos que enfermos de hepatitis C no se puedan medicar para que unos pocos se lucren con el poco dinero que queda? ¿Aceptamos entonces, desaucios de ancianos porque el mundo está hecho así y no se puede cambiar? ¿Aceptamos que mentes brillantes tengan que irse a Alemania porque su país no les da una oportunidad? El mundo está hecho así porque NOSOTROS dejamos que esté hecho así.

Ya está bien. Mal de muchos, consuelo de tontos. O de conformistas. Pues yo no lo soy. Ni tonta ni conformista. Por eso no me vale la frase: está todo el mundo igual. No. Quien se queda igual es quien no quiere moverse. A mí no me convencerán. No pienso conformarme con una sociedad que está hecha para que solamente unos pocos vivan bien.

Por suerte todavía quedan algunos que piensan como yo. Un rapero canta en el metro y me siento identificada con él. Con sus rimas me dice que estudió farmacia. Santa inocencia, no hay crisis económica, lo que hay es crisis de conciencia, canta. Y qué gran verdad. Cambiemos nuestras conciencias. Y cambiémoslas ya. Que no nos engañen. Si nos quedamos de brazos cruzados todo continuará igual. ¿Es eso lo que queremos? Dejemos de movilizarnos por el fútbol y empecemos a movilizarnos por lo que en realidad importa: nuestra calidad de vida.

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