Cuando las hojas caen

Anoche me asomé pensativa a la ventana. El fuerte viento golpeaba los árboles con brusquedad y yo, asustadiza, me estremecí. Suerte que desde mi confortable habitación no notaba un ápice del aire que amenazaba con entrar llamando fuertemente a mis ventanas. Era noche cerrada cuando la inspiración llegó a mi. Mi cabeza no paraba de crear. Giré sobre mis talones y fui directa a encender el portátil. No podía dejar escapar la oportunidad que me había brindado mi mente hasta ahora obtusa. Me acomodé en mi silla giratoria y empecé a escribir.

Anne bajó del tren aterrada y sin saber dónde se encontraba. No sabía qué la trajo hasta ese hostil lugar. Miró a su izquierda. Luego a su derecha. Unos señores uniformados seleccionaban al personal. A las mujeres y niños los mandaban a un bando. A los hombres, a otro. Sintió que algo iba mal. Sintió que jamás volvería a casa. Sintió que nunca más volvería a ver a su familia ni amigos. Jamás volvería a esa escuela donde escondía esos libros que le gustaba tanto leer. Quizás por eso estaba hoy allí. Por aquellos libros. Suspiró hondo y se propuso asumir su nuevo destino. Obediente, se dirigió al bando de las mujeres y niños que lloraban por haberlos separado de sus esposos y padres. Ella ya estaba sola. La separaron de sus seres queridos cuando le obligaron a subir a ese tren.

Auschwitz

Llegó a una especie de gran sala de vapor donde le obligaron a despojarse de sus pertenencias. Lo poco que quedaba de su vida se lo terminaron de arrebatar en esa sala. Helada, se abrazó a sí misma para entrar en calor. Una niña de ojos negros como el tizón, le miraba aterrada. Estaba tan sola como ella. Dejó de abrazarse para, esta vez abrazarla a ella. Unos hombres uniformados rompieron el abrazo empujándolas para hacerlas salir de la gran sala. Y de ahí a otra habitación. En esta olía a quemado. El hedor que desprendía le hizo comprender a Anne que el final estaba por llegar. Entonces recordó un párrafo de uno de los libros que leía en la escuela. Miró a la pequeña que se encontraba a su lado e hizo que se sentara en su regazo. Con cariño, empezó a susurrar el párrafo al oído de la pequeña. ”Cuando las hojas caen, la nieve ocupa el lugar de lo que un día fue un cálido entorno. Sin embargo, cuando las hojas caen, acaba un ciclo para dejar pasar una nueva etapa. Un nuevo amanecer. No temáis, porque cuando las hojas caen, lo bueno está por llegar”. Y así, Anne, fue durmiendo a la pequeña mientras la sala ardía dejándoles paso a un nuevo amanecer.

Apagué el ordenador y volví a asomar la cabeza por la ventana. Un manto de hojas cubrían el suelo otoñal de la calle. Y así, como por arte de magia, vi a Anne y a todas las víctimas del holocausto en todas y cada una de aquellas hojas caídas.

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4 Comments

  1. La Shoah, así la han denominado los judios a esa etapa historica y horrorosa de la humanidad. La moral es universal, sin depender de color, raza o religión.
    Nada de todo aquello debería de volver a suceder JAMÁS…

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