Mientras haya vida, hay esperanza

Este fin de semana ha tocado sesión de cine y como no podía ser de otra manera, nos hemos decantado por conocer la vida de Stephen Hawking en “La teoría del todo”. Os recomiendo encarecidamente que vayáis a verla. Si algo tiene esta película, es el afán de superación de una mente tan privilegiada como la de Stephen Hawking. Para los que no lo sepáis, Stephen Hawking , el físico teórico, astrofísico, cosmólogo y no sé cuantas cosas, más sufre ELA desde 1969. Sí, esa enfermedad por la que todos nos tirábamos un cubo de agua helada por la cabeza este verano. Esa enfermedad para muchos desconocida hasta que vio la luz al mundo a raíz del juego de moda del verano. Esa enfermedad motoneuronal que va haciendo que tu cerebro no dé la orden a tus músculos para que se muevan. Tu cerebro sigue funcionando, pero el resto de tu cuerpo no. Hasta que llega un día que no puedes hablar y ni tan siquiera respirar por ti mismo. Pero sigues pensando. Dándole al coco mientras tu cuerpo queda prácticamente inerte.

En “la teoría del todo” además de la gran historia de amor, el actor que reencarna al gran Stephen Hawking, (que por cierto, espero que le den el Óscar a la mejor interpretación, porque ole), nos va mostrando cómo la enfermedad se va apoderando de su cuerpo poco a poco. Pero también nos muestra cómo Stephen Hawking va superándose a sí mismo en la misma medida. Solo alguien como él puede pensar en seguir luchando día a día por vivir como uno más, seguir investigando sobre la creación del universo y conseguir prestigiosos premios que un ser humano del montón jamás podrá alcanzar. Y todo ello a pesar de su enfermad.

Y esto nos debe hacer pensar en las preocupaciones tan absurdas que tenemos a diario. Siempre andamos preocupados por nuestros trabajos, la casa, la falta de tiempo para nuestros hobbies, etc y nos quejamos por ello. Y no solo eso, sino que nos olvidamos de algo fundamental. Estamos sanos. No tenemos ELA ni ninguna enfermedad que se le parezca. Tenemos el privilegio de poder vivir la vida. Somos afortunados y ni siquiera reparamos en nuestra suerte. Pensemos cada mañana al levantarnos en el regalo que nos brinda la vida por tener un día más para disfrutar de ella. Y agradezcámoslo. Porque en cualquier momento de nuestras vidas, pueden decirnos que tenemos una enfermedad terminal. ¿Y entonces qué? Nos arrepentiremos de no haber disfrutado lo suficiente. Eso sí, si nos pasa, si alguna vez ocurre la desgracia de que recaiga sobre nosotros una enfermedad terminal, hemos de recordar que debemos seguir luchando y seguir aprovechando la vida que nos quede. Porque se puede. Porque él lo hace. Porque seguimos vivos hasta que la muerte nos diga lo contrario. Y porque como dijo Steven Hopkings, mientras haya vida, hay esperanza.

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1 Comment

  1. Muy bien Cris, tomo nota de tu sugerencia y me la pondré para ver en breve… Y en verdad que solo se vive una vez.. por lo tanto… a ser feliz…

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