Noche de fin de año

Llevo ya siete. Hasta la sexta uva todo iba bien, pero esta séptima se me empieza a atragantar. Ya he perdido el ritmo. Y yo que creía que este año lo iba a conseguir. Lo de comerme las doce uvas del tirón, digo. Ya hemos llegado a la doceava y todo el mundo se pone en pie para besarse y felicitarse el nuevo año. Yo les imito mientras sigo con mi lucha de tragarme el zumo de las doce uvas que ha quedado en mi boca.

noche de fin de añoEs hora de salir a la calle a celebrar este año que empieza. Quizás hoy sea la noche más fría del año, pero da igual, aquí estamos con nuestros modelitos de nochevieja. Que iré muy mona vestida, pero el frío no perdona. Por fin entramos en un bar. Se agradece un poco de calor humano. Mis amigas y yo intentamos llegar a la barra mientras pasamos por delante de unos cuantos borrachos que nos dicen algo ininteligible. Al llegar a nuestro destino descubrimos que pedir una simple copa puede ser toda una aventura.  Lo sabemos. Vamos a pasar la primera hora del año haciendo cola en la barra de un bar. Cuando por fin conseguimos nuestras copas, a alguien del grupo se le ocurre la genial idea de cambiar de local, porque éste está muy lleno, dice. Otra de nosotras aprovecha para ir al baño antes de irnos. Pasa otra hora hasta que por fin vuelve con cara de alivio por haber conseguido salir de allí. El baño de los chicos está vacío, sin embargo, las chicas preferimos hacer una hora de cola antes de entrar en el de ellos. Vete tú a saber lo que puede haber ahí dentro. Terminamos nuestras copas y nos vamos de allí en busca de un nuevo cobijo.

Volvemos al frío de la calle. Decidimos ir al local de moda, que este año no hay que pagar entrada, dicen. Al llegar, descubrimos que no cabe ni un alfiler. Literalmente. Como vemos que no vamos a conseguir colarnos, decidimos buscar otra opción. Seguimos caminando por las frías calles de la ciudad hasta que por fin visualizamos un local en el que parece que podemos caber. Al entrar, entendemos por qué está tan vacío. La música apenas de escucha y el dueño tiene pinta de querer cerrar. Está claro que no quiere saber nada de fiestas de fin de año.

Salimos de allí desilusionados y buscamos un cuarto sitio. Todos los locales que nos vamos encontrando por el camino están a tope o hay que pagar la friolera de 30€ de entrada. Me viene a la mente la famosa frase: otros vendrán que bueno te harán. Así que visto lo visto, decidimos volver al primer bar en el que estuvimos.

Otra hora después, salimos a la calle y miro al cielo. Empieza a amanecer y mis tripas empiezan a crujir. Hace horas que hice la digestión de las uvas. Alguien propone ir a comer churros, otra genial idea. Es la tradición, así que, en vez de irnos a calentarnos a nuestras casas y meternos en la cama, que es lo que realmente queremos todos, terminamos sentados en el gélido banco de una plaza con nuestro cucurucho de churros y nuestro ardiente vaso de chocolate.

Lo hemos conseguido. Hemos conseguido pasar la nochevieja entre uvas, colas, frío, bares y churros. Pero eso no es todo. También hemos conseguido pasar la nochevieja entre risas,  música, familiares y amigos. Porque si algo tiene la noche de fin de año, es que consigue que todo el mundo quiera disfrutar y ser feliz. Aunque sea solo por una noche. Aunque mañana todo vuelva a la normalidad y la rutina se apodere de nosotros.

Feliz nochevieja.

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