Mientras ella muere en el pasillo de un hospital

Se revuelve incómoda en su camilla mientras espera una cama. Tiene 85 años y sabe que le queda poco tiempo de vida. De fondo, oye la voz en off de un locutor que redacta las noticias en directo. Su nieto no separa la vista de su smart phone. Cuando ella era joven, solamente se podía enterar de lo que pasaba a través de una pequeña radio que tenía su vecina en la cocina. Jamás pensó que podría escuchar la actualidad a través de un móvil desde el pasillo de un hospital.

-¿Cómo van las votaciones, hijo?

– Dicen que ya han votado un millón de catalanes

– ¿Y si sale el “si”?

– Nada, abuela, todo continuará igual.

– ¿Y si sale el “no”?

– Pues lo mismo. Todo continuará igual.

– Creía que una de las dos respuestas haría cambiar algo.

– Abuela… mira a tu alrededor. La pregunta que hacen es errónea. Si yo pudiera formular la consulta, preguntaría: ¿Quieres que tus familiares tengan una cama de hospital cuando estén enfermos? O ¿quieres que recorten los salarios de los políticos, manden a los corruptos a la cárcel y dejen la sanidad pública en paz? Que a mí me parece muy bien que nos dejen opinar, pero a mí todo esto me huele a chamusquina. No están jugando limpio. Ni los de un lado, ni los del otro.

La abuela suspira resignada viendo la cara de indignación de su nieto. Con 24 años y recién salido de la facultad, todavía no sabe lo que es trabajar. Nunca le han dado una oportunidad. Y mira que está formado, el chiquillo. Ella a su edad llevaba más de diez años trabajando en la confección. Pero como ahora no hay trabajo para nadie… aquí está haciéndole compañía mientras esperan una cama de hospital.

 

-¿Qué hora es?

– Las cuatro de la tarde

– Vete a comer algo, anda, que no me has comido nada desde esta mañana.

– No abuela, me quedo aquí contigo hasta que venga papá. No vaya a ser que me levante y justo en ese momento te den una cama.

– ¿Por qué tardan tanto?

– No hay camas para todos.

– ¿Pero eso como va a ser? Si antes cabíamos todos.

– Ya, pero eso era antes de que cerraran muchas de las plantas de este hospital.

– Pero si hay tanta gente esperando, ¿por qué no las abren?

– Porque no hay dinero, abuela.

– Hay algo que no entiendo de todo esto, hijo. Si no hay dinero para abrir una planta de hospital. ¿Por qué sí lo hay para gastarlo en un referéndum no vinculante? ¿Acaso eso no es tirar el dinero?

Su nieto suspira profundamente porque no sabe qué decir. Su abuela, enferma de cáncer, se revuelve incómoda en el pasillo de un hospital. Su abuela, a la que le quedan pocos meses de vida, le hace preguntas evidentes que nadie sabe responder. Mientras ella espera en el pasillo del hospital, el pueblo deja de manifestarse por una sanidad pública decente. El pueblo, aquel que un día se unió en el movimiento 15M, aquel que empezó a hacerse poderoso y preparaba un enfrentamiento contra los políticos, hoy se divide y se pelea entre sí. Mientras ella se retuerce de dolor en el pasillo del hospital, los políticos se frotan las manos viendo cómo han conseguido que el pueblo discuta entre sí. Ellos lo saben, el pueblo unido jamás será vencido. Así que solo hay una solución para ellos: divide y vencerás. Mientras los ciudadanos se atacan entre ellos, se olvidan de atacar a los de arriba. Y así, mientras ella muere en el pasillo de un hospital, los políticos vuelven a ganar.

mientras ella muere en un hospital

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