Su secreto mejor guardado

El ruido del tráfico y la masificación de gente le incomoda. Al mirar por la ventana se encuentra con un paisaje gris que invita a quedarse en casa en pijama y con la manta del sofá. Sin embargo ella quiere salir de allí. Quiere irse de la ciudad. Quiere viajar en el tiempo y llegar al mes de agosto donde el paisaje que le rodeaba era distinto. Sin apenas darse cuenta, se transporta mentalmente a aquella isla cálida y solitaria donde le conoció.

Eran las dos de la mañana de una noche de verano. Ella bebía cerveza con unas amigas mientras bailaban en una fiesta en la playa. Al más puro estilo anuncio de cerveza. Su camiseta blanca de tirantes dejaba ver una piel bronceada por el sol. Estaba despeinada, pero no le importaba. Se había dejado secar el pelo al aire libre después de la ducha porque era imposible utilizar el secador con esas temperaturas de agosto. Sin embargo, se sentía guapa. Sus ondas cobrizas ondeaban en el aire mientras bailaba. Dirigió su mirada a la barra del bar y entonces le vio. Ese chico moreno la miraba fijamente mientras sostenía una copa en la mano.

su secreto mejor guardadoSus amigas fueron a la barra a por otra cerveza y ella aprovechó para acompañarlas. Se quedaron muy cerca el uno del otro. Codo con codo. Ella miraba hacia la camarera. Él miraba hacia el mar. Un pequeño roce les hizo cruzar sus miradas. Se sonrieron y empezaron a hablar. Él le hablaba al oído para hacerse escuchar por encima de la música. Ella sonreía ante el roce de sus palabras. Sentía una fuerza magnética que no le dejaba separarse de él a más de medio metro. Cuando quiso darse cuenta, estaba amaneciendo. Cuando quiso darse cuenta, habían pasado toda la noche juntos. Y cuando quiso darse cuenta, se había enamorado por una noche de un desconocido.

Fue el mejor verano de su vida. Tan solo habían pasado tres meses y ya lo recordaba como si hiciera una eternidad. Ahora, desde su pequeño piso en la gran ciudad, se revuelve incómoda en el sofá sabiendo que aquella historia jamás volverá a repetirse. Sabe que un día su recuerdo se disipará. Dejará de recordar su aroma, su voz e incluso su nombre. No hay fotos, ni vídeos, ni mensajes escritos que se puedan convertir en la prueba gráfica de que le fue infiel a su marido. Ahora, desde su pequeño piso en la gran ciudad, tiende el brazo para coger la taza de té caliente que le acaba de preparar la persona con la que se casó hace ya ocho años. Tan solo tenían veinte años. Eran demasiado jóvenes, piensa. Pero se querían con locura y nunca se arrepintió de su decisión. Es el amor de su vida. Él le da un beso en la frente y le da las buenas noches. Mañana hay que trabajar.

Se siente mal. Mal por su marido y mal por ella. Porque le ha sido infiel aun queriéndole como le quiere. Y sabe que si le dice la verdad le destrozará la vida. Y se la destrozará a sí misma, ya puestos. Sabe que quiere estar con él para siempre. Y entonces se da cuenta que aquella historia jamás se repetirá. Se da cuenta que aquello solo fue un amor de verano. Y es entonces, sólo entonces, cuando entiende que ése siempre será, su secreto mejor guardado.

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