Hora de pasar página

Se despertó entre sollozos. Le costó darse cuenta que lo que acababa de ocurrir era solamente un sueño. Su marido le abrazaba para consolarla pero eso no conseguía apaciguar su desdicha. Ella cerraba los ojos con fuerza y se obligaba a volver al escenario donde había estado hacía tan solo unos segundos. Quería acabar la historia. Quería cerrar de una vez por todas esa preocupación que le carcomía por dentro desde hacía meses. Quería pasar página. Quería terminar esa discusión que había dejado a medias con esa persona en su sueño.

No tenía la menor idea de la hora que era. No sabía si acababa de quedarse dormida o si llevaba toda la noche soñando. No quería mirar la hora. Sabía que el más mínimo movimiento de su cuerpo la devolvería a la realidad. Una realidad en la que no quería estar.

Dicen que cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. Ella lo sabía. Sabía que tenía una ventana abierta. Sin embargo, mientras intentaba asomar la mitad de su pequeño cuerpo por aquella minúscula ventana, su pie izquierdo intentaba aguantar con la puntita el resquicio de esa puerta que no quería dejar cerrar. Por mucho que intentaran echar el cerrojo por el otro lado. Por muy difícil que se lo quisieran poner. Ella tenía esperanza.

Hora de pasar página Sin embargo, un sueño le devolvió a la realidad. Ironías de la vida. Un sueño en el que le dejaban bien claro que esa puerta estaba más que cerrada. Un sueño en el que discutía para dejar claro su desacuerdo en que la puerta estuviera cerrada. Un sueño que temía pero por el que debía pasar. Porque ella sabia que el origen de su problema habitaba en su mente inquieta. Sabía que debía solucionarlo de una vez por todas. Sin embargo, sus propios sollozos no le dejaron concluir la historia. Quizás sus sollozos fueron el despertador oportuno para que entendiera de una vez por todas que los problemas hay que afrontarlos de frente. Y de pie. No tumbada en vertical. Se incorporó como pudo. Puso los pies en el suelo y se levantó para afrontar un nuevo día. Pero esta vez lo haría cansada de llorar. Esta vez se levantaba dispuesta a ceder. Se secó las lágrimas y se dispuso a aceptar la realidad. Ya era hora de pasar página.

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