La fuerza de la ley

Tumbada boca arriba en la fría cama de mi oscura estancia y con las manos apoyadas en la nuca, me preguntaba cómo había podido llegar a esta situación. Solamente habían pasado unos días y mi vida ya había dado un giro de 180 grados.

El sonido del teléfono me hizo estremecer. Dejé que saltara el contestador. No pensaba responder, sabía quién me llamaba. Era él. El policía que me descubrió con las manos en la masa. El policía del que estaba enamorada.

“Contesta al maldito teléfono. Tenemos que hablar de lo que ha pasado. Sabes que te he visto robando en esa tienda y tengo que detenerte. Si todavía no lo he hecho es porque eres tú. No me lo pongas más difícil o tendré que entrar en tu casa con una orden judicial.”

Mi corazón iba a mil revoluciones por minuto. No sabía qué había pasado por mi cabeza para decidir robar, pero el mal ya estaba hecho. Quizás, si lo devolvía todo, solamente quedaría en una anécdota. Claro, quizás si viviera en mi mundo de fantasía, me recriminé. Sabía que al menos tendría que pagar una multa. Era todo tan absurdo… Si había robado era precisamente porque no tenía dinero para comprar comida. ¿De dónde iba a sacar el dinero para pagar una multa? Aquel día lo veía todo tan sencillo… Robar artículos de lujo, venderlos a buen precio y con ese dinero ir a comprar la comida del mes.

la fuerza de la leyEstaba asustada y no sabía qué hacer. Quizás la mejor solución era hablar con él. Aunque la ley estuviera por encima de todo, era mi novio y me quería. Seguro que haría la vista gorda. El timbre de la puerta empezó a sonar sin parar. Sabía que mi desesperado novio terminaría tirando la puerta abajo si no le abría, así que hice de tripas corazón y a fui a afrontar la cruda realidad. Y de pronto me encontré con una realidad que no esperaba. Allí estaba él, vestido de policía y acompañado de su compañero de profesión, enseñándome un papel en el que se les concedía entrar en mi casa y registrarlo todo.

Tumbada boca arriba en la fría cama de mi oscura estancia y con las manos apoyadas en la nuca, suspiré recordando el momento en el que fui detenida por la persona a la que más quería. Ahora, desde el calabozo, me daba cuenta que para él, la ley estaba por encima de su amor… ¿O quizás no?

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