El cuento de la maldición de la bruja Crisis

Había una vez, una humilde muchacha que vivía feliz en un lejano reino. La muchacha, como muchos de su generación, decidió estudiar mucho para ser una aldeana de provecho. Vivía en un reino próspero donde muchos conseguían dinero construyendo casas para los demás. Tanto se llegó a construir, que el reino quedó atrapado dentro de una bonita y confortable burbuja de jabón. Todos sonreían. La humilde muchacha, que apenas entendía qué era eso de vivir dentro de una burbuja, siguió estudiando y estudiando para conseguir un buen trabajo. Nadie le explicó que todo el dinero invertido en sus estudios no se le sería recompensado con un buen salario. Pero a ella eso le daba más o menos igual. Lo importante era trabajar en algo que le gustara.

el cuento de la maldición de la bruja CrisisUn día llegó una malvada bruja llamada Crisis Económica y lanzó un hechizo en todo el reino que afectó a seis millones de personas dejándolas sin trabajo. La malvada bruja, que era tan poderosa, solamente tuvo que poner su larga y afilada uña en la burbuja de jabón que rodeaba a todos los aldeanos, para hacerla desaparecer. Pero esto no era todo. El hechizo tenía efectos secundarios sobre los afectados. Les haría entristecer, enfurecer, decaer e incluso en algunos casos, les haría romper con sus familias. La Crisis Económica, o bruja Crisis, como le llamaban sus amigos, era capaz de arrasar con todo.

Un día, conoció a la dulce muchacha. A la bruja Crisis no le importó saber lo trabajadora que era. Tampoco le importó saber si era justo o no echar el hechizo sobre ella, así que sin más, la hechizó. Y la muchacha perdió su trabajo. Pero la bruja Crisis se encontró con algo que no esperaba. Se encontró con una muchacha que no se daba por vencida. Bajo la aparente debilidad de la dulce niña, se encontraba una persona luchadora e inconformista. Muchos aldeanos lo veían como un defecto, sobretodo lo del inconformismo. Algunos no creían en ella. Otros creían que la malvada bruja Crisis era demasiado fuerte y que ella solamente debía quedarse quietecita y esperar a que la bruja se marchara por su propio pie. Pero ella no. Ella quería luchar. Ella era la heroína del cuento. Se enfundó su traje de guerra, se subió a su caballo negro y salió a la calle a batallar contra la bruja.

Y empezó la guerra. Una guerra batallada solamente por la muchacha y la bruja. Una guerra que duraría meses. Quizás años, quién sabe. La muchacha, que de tonta no tenía un pelo, sabía que sería una guerra muy dura, pero también sabía que tenía que dar ejemplo a sus aldeanos. Sabía que si luchaba y ganaba, serían muchos los que la imitarían. Así que sacó todas sus armas para demostrarle al mundo que solamente luchando, se podría derrotar a una bruja. Siguió luchando y no paro de luchar. Sabía que la guerra sería larga, pero que algún día conseguiría su ansiada victoria.

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