Disfrutando de Galicia

Después de unos días alejada del blog, vuelvo a la carga. He pasado este tiempo centrada en temas personales, pero además me he dedicado a descubrir Galicia. Y como no podía ser de otra manera, aquí os traigo lo mejor que he conocido de las tierras gallegas.

Llegué a Santiago de Compostela en avión para ir a recoger a mi pareja, que llegaba victorioso a la catedral después de hacer el Camino de Santiago con su padre durante cinco años. No es que estuviera cinco años seguidos andando, ¿eh?… que tiene una vida y esas cosas. Cada año han caminado durante una semana y al fin este año han conseguido llegar a su ansiada meta. Y ahí estábamos mi suegra, su tío y yo, con pancartas y globos incluidos plantados a los pies de la catedral.

Descubriendo Galicia
Nosotros tres, que somos más listos que el hambre, llegamos a Santiago en avión y con el estómago preparado para llenarlo de marisco, pulpo gallego y unas deliciosas tartas de Santiago (que a todo esto debo decir que llegué a aborrecer) en sus típicos bares repletos de barriles a modo de mesas.

Descubriendo Galicia

 

Descubriendo GaliciaSin embargo, además de una comida deliciosa, me encontré con unos paisajes increíbles que me hacían recordar constantemente que eso no era el Mediterráneo. A pies del Atlántico, pude sorprenderme con las subidas y bajadas de la marea en las Rías Baixas. Me encantó ver cómo los lugareños se ganan la vida buscando marisco cuando la marea está baja.

Descubriendo Galicia
Descubriendo Galicia

Y qué decir de las playas. Arenas blancas y aguas cristalinas que dejaban ver la riqueza marítima que poseían. Almejas, mejillones, gambas, caracoles y un sin fin de peces se dejaban ver a orillas del océano.

Disfrutando Galicia

image image imageY hablando de océanos, fuimos a parar a la torre de Hércules, en A Coruña, donde el océano Atlántico y el Cantábrico se dan la mano y donde una gigantesca Rosa de los Vientos nos orienta para que no perdamos el norte.

Descubriendo Galicia Descubriendo GaliciaDescubriendo GaliciaSin duda, lo que más me impresionó fue Finisterre que, como su propio nombre indica, es el fin de la tierra o el fin del mundo. Antes del descubrimiento de América, Finisterre era la tierra más alejada a la que se podía llegar, ya que se trata del punto más occidental de la Europa continental. Cuenta la leyenda que las temibles aguas de la Costa de La Muerte, como era conocida, sepultaron en la antigüedad míticas ciudades. No sé si la leyenda será cierta o no, pero sí sé que el horizonte con el que me encontré me inundó en una sensación de inmensidad. Kilómetros y kilómetros de agua allá donde miraras hacían empequeñecer al más soberbio y poderoso ser humano.

Descubriendo GaliciaActualmente, Finisterre es para todos los peregrinos, el fin del camino, el kilómetro cero. Y allí, como manda la tradición, queman sus ropajes de peregrino que no volverán a usar.

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Y esto es tan solo una pincelada. En 32 años no se me había ocurrido visitar Galicia y en cambio ahora me alegro de haber estado allí. Sin duda, es una bonita tierra llena de preciosos paisajes, excelente comida y gente increíblemente amable. En el próximo post os contaré el colofón final: el vuelo interminable de vuelta a casa.

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