Cuando las desgracias no vienen solas

Hay veces que la vida te sonríe y de pronto ocurre algo que te hace tambalear. Hay veces que la desgracia llama a tu puerta y ni si quiera espera a que abras. Aparece tirando la puerta abajo y entrando en tu vida sin que apenas te haya dado tiempo a darle permiso a entrar. Porque las desgracias son así, maleducadas. Visitas indeseables que no queremos atender. Pero sin darnos cuenta, nos encontramos obligados a ofrecerles una taza de café y a aguantar el chaparrón lo más estoicamente posible.

Esperamos que se vayan pronto y sin embargo muchas veces son capaces de auto invitarse a cenar e incluso a dormir. Les haces un hueco en tu cama, junto a la almohada, y se quedan contigo toda la noche impidiéndote dormir. En el peor de los casos, hay veces que las desgracias entran en nuestras vidas para quedarse. Se convierten en nuestras compañeras de piso. Comen, duermen y viven a nuestro lado. A veces conseguimos luchar contra ellas. Otras veces, se van ellas solas por el mismo sitio por el que vinieron. En algunas ocasiones se van disipando e incluso se transforman en algo bueno. Otras veces intentamos acostumbrarnos a convivir con ellas. A veces lo conseguimos. Otras veces no.

Te sientes mal porque las desgracias que entraron en tu vida no te dejan ser feliz. Pero entonces llega un día que lo entiendes todo. Las desgracias no vienen solas. Aquel día en el que tiraron la puerta abajo para entrar atropelladamente en tu tranquila vida, vinieron con alguien más. En silencio, la esperanza entró discretamente, oculta tras la desgracia, sin que te dieras cuenta. La esperanza es tímida y necesita que creas en ella para crecer y así hacerse fuerte. Hacerse fuerte ella y también tu. En muchas ocasiones Cuando las desgracias no vienen solasno encontramos la suficiente fuerza para creer en su existencia. Pensar que hay esperanza se nos antoja complicado. Y es que hay veces que la esperanza se nos presenta de manera encriptada. Como los jeroglíficos del antiguo Egipto. A veces viene disfrazada de miedo y tristeza. Pero cuanto más crees en ella, más fácil es descifrar su mensaje y más débiles son los efectos negativos que te provocan las desgracias. Y cuando ya se ha hecho lo suficientemente fuerte, entonces, solo entonces, te hace recordar que siempre todo tiene un lado positivo. Por pequeño que sea.

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