Unas manoletinas beige y la chica de las dos coletas

Ahora que me ha dado por escribir, he decidido apuntarme a un club de escritura para leer en público mis textos y, ya de paso, escuchar lo que escriben otras personas. Para la primera clase me pidieron que escribiera algo relacionado con unos zapatos y unas coletas. Creía que no sabría por donde empezar, pero el caso es que de pronto, me salió una pequeña historia. Y como al parecer no está tan mal, aprovecho mi blog para mostrárosla a todos. ¡Espero que os guste! Os dejo con ella:

Me levanto como cada mañana preguntándome qué me pongo. Hace frío. Tendré que esperar a la primavera para poder estrenar mis nuevas manoletinas color beige. Me meto en la ducha no sin antes darme un repaso visual en el espejo. Mi dieta empieza a dar sus frutos, por fin he conseguido eliminar ese michelín de mi barriga. Bajo el agua recuerdo esos diez segundos en los que te conocí.

manoletinas beigeAyer salí de la zapatería sujetando en mi mano derecha la bolsa donde guardaba mis nuevas manoletinas. Mis ojos miraban fijamente el tíquet de compra que sostenía con mi mano izquierda. Mi mente se debatía entre si lo que acababa de hacer era una compra compulsiva o de verdad necesitaba un nuevo par de zapatos. Y de pronto chocamos. Tu estabas en la puerta, yo salía. Y la caja de zapatos cayó al suelo. Se abrió y las manoletinas cayeron a la acera y se quedaron a tus pies. Te quedaste mirándolas. Ya estabas ahí cuando entré en la tienda, pero yo no reparé en ti. Recogí mis zapatos del suelo. Quería mirarte a la cara, pero no me atrevía. Al fin, reuní el valor para mirarte a los ojos. Tus ojos grises me miraban con dulzura. Llevabas dos coletas despeinadas y la cara sucia. Solamente eras una cría pero ahí estabas, pidiendo limosna en la entrada de una tienda. Diez segundos fueron los que tardé en reaccionar, pedirte perdón por el choque y empezar a caminar de nuevo.

Ahora estoy bajo la ducha sintiéndome mal. Cierro el grifo y apoyo la cabeza contra las baldosas mojadas de la pared. Ayer solamente pensaba en comprarme unas manoletinas y en mi dieta. Hoy solamente pienso en ti, en la chica de las dos coletas. Ahora estoy convencida que lo de ayer fue una compra compulsiva. No necesito más zapatos de los que tengo. En cambio tu, si los necesitas. Tengo que buscarte. Tengo que volver a verte.
Te encuentro en la misma tienda de ayer. Tus coletas están un poco más despeinadas y tu cara un poco más sucia. Te miro los pies y se me encoge el alma. Estás descalza.

– Hola, ¿cómo te llamas? -me atrevo a decirte.
– Soy Sandra -me susurras con la voz apagada.
-¿Cuántos años tienes?
– Quince.
-¿Llevas mucho tiempo aquí? Quiero decir… Pidiendo en la calle.
-Solo desde que a mis padres se les acabaron las ayudas.

Claro, no me acordaba. Vivo en un país donde la crisis se está llevando a muchas familias por delante. Vivo dentro de una burbuja donde no me doy cuenta que no necesito más pares de zapatos de los que ya tengo.
-Te he traído algo. -te digo mientras te ofrezco la bolsa que sostengo en mi mano.
Asombrada, la abres y encuentras esas manoletinas beige que ayer cayeron a tus pies.
-¿Son para mi? -me preguntas con un brillo en tu mirada.
-No sé si serán de tu número. Si no te van bien podemos entrar en la tienda y cambiarlas por lo que quieras. -te digo mientras te tiendo los zapatos.
-Son perfectas, no hace falta cambiarlas. -Me dices mientras tocas con tu dedo índice la punta suave de las manoletinas.

Me vuelvo a casa contenta. No por haber hecho una obra de caridad, sino porque me has abierto los ojos. Gracias a ti, hoy veo que no necesito tanto para ser feliz. No necesito mil pares de zapatos. Tampoco necesito estar delgada. Sé que con este regalo no vas a salir de la situación en la que te encuentras. También sé que es muy poca la ayuda que te ofrezco. Y, por supuesto, sé que no voy a arreglar el país con unas manoletinas. Pero al menos me voy contenta a casa viendo que los ojos tristes y apagados que vi ayer, hoy brillan por un par de zapatos nuevos.

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6 Comments

    1. Mi intención ha sido confundir al lector haciéndole creer inicialmente que se trata de una historia de amor para, más tarde, abrirle los ojos y hacerle ver que realmente la historia habla sobre una preocupación social. Gracias por tu aportación. 🙂

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