Abre tu mente

Me encanta viajar. Me gusta tanto que incluso estoy pensando en crear una sección en el blog donde hable de los viajes que voy haciendo. Son pequeños placeres de la vida que una tiene. Vale, pequeños algunos no lo son, pero para poder tenerlos me quito otras cosas que quizás no sean tan prioritarias para mí. Y es que soy de las que piensa que viajar te abre la mente. Se puede aprender mucho de otras culturas o al menos a entenderlas y respetarlas. Y de hecho, yo he aprendido mucho de ellas.

Abre tu mente
Chinos jugando con una pelota de plumas

De todos es sabido que los chinos son muy distintos a nosotros, los occidentales. Tratamos con ellos a menudo y sin embargo, hay veces que no les entendemos o no les queremos entender. No es un problema de idioma, porque, sinceramente, ya me gustaría a mi hablar chino como ellos hablan español. Es un problema de desconocimiento de actitud. Seguro que en muchas ocasiones os habréis encontrado a algún chino que se ríe mientras te estás quejando sobre la comida que te ha servido en su restaurante o el producto que has comprado en su bazar. Y piensas: ¿se está cachondeando de mí cuando le estoy poniendo una queja por su servicio? Pues no, no se está cachondeando de nadie. Sí, se está riendo, pero se ríe porque ése es su mecanismo de defensa. Son muchos los chinos que ríen cuando se encuentran en una situación tensa. Y lo hacen por timidez. Pura y llanamente. Cuando estuve en China lo viví en mis propias carnes. Les estudié y llegué a la conclusión que cuando se ríen, lo hacen porque se sienten incómodos y reaccionan así. Así que, cuando tengas que quejarte por un mal servicio o producto y veas que reaccionan de esa manera, no te sientas ofendido/a. Ellos están más incómodos que tú.

Abre tu mente
Turcos en su momento de rezo

Otro ejemplo. La población musulmana. Cuando estuve en Estambul aluciné con sus rezos. Rezan a todas horas. Hay altavoces por toda la ciudad a través de los cuales, se oye una especie de sirena y una voz les avisa que es la hora de rezar. Y tal y como suena la sirena, la ciudad de inmoviliza y se van todos a las mezquitas. Que les llaman a las cinco de la mañana, pues a las cinco de la mañana se presentan allí. Es tan asiduo y constante que, independientemente de lo que signifique la religión musulmana para ellos, el hecho de ir a rezar es una forma de vivir, de unirse, de hacer algo en compañía de sus amigos y familiares. Nosotros nos juntamos los domingos para comer paella y ellos se unen para rezar. Llegan a España y ¿qué pasa? Que nadie les llama para estar juntos. No hay sirenas. Ni mezquitas. Rezan en sus casas, en la intimidad. Pero no es lo mismo. Piden una mezquita en su barrio para conservar lo que tenían en su país de origen (y que tuvieron que dejar por necesidad, no nos olvidemos) y nosotros escandalizados. Nos escandalizamos y nos ofendemos porque pensamos que pretenden invadirnos y anular nuestra cultura y religión. Pero cuando estás en un país musulmán, lo entiendes. Entiendes que pidan una mezquita. Porque se sienten solos. Porque añoran su país. Porque necesitan continuar con sus costumbres. ¿Quiénes somos nosotros para negárselo?

Abre tu mente
Niños cubanos pescando sin caña

Pensamos que a los cubanos les gusta más la juerga que a un tonto un lápiz. Todos lo tenemos claro. Viven a ritmo caribeño. Sin prisas. Y desde España pensamos que son unos vagos, que no les gusta trabajar. Pero cuando llegué a La Habana, lo entendí. El nivel de pobreza es tal, que viven el día a día. Porque no saben qué pasará mañana. No pueden hacer planes de futuro porque tienen lo justo para pasar el día. Cada día se buscan la vida para sobrevivir. Cuando estás en esa situación, no puedes pararte a pensar en hacer planes de futuro, en ahorrar, en buscarte una carrera profesional. Porque no sabes hasta cuándo durará lo que tienes en ese momento. Cuando ves su día a día, entiendes su forma de vida. Y si yo estuviera en su lugar, haría exactamente lo mismo. Y es que como me dijo una cubana, su lema de vida es: la vida son dos días y la mitad la pasamos durmiendo, chiiica.

Os aconsejo que viajéis. En la medida que podáis, pero que viajéis. El hecho de conocer lo que hay en otras culturas, abre tu mente. Entiendes muchas cosas. Y solo así podréis ver qué hay más allá de vuestras narices.

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