Políticamente incorrecto

Son las siete de la tarde de un domingo. Desde mi habitación miro por la ventana y veo cómo las gotas de lluvia resbalan contra el cristal. Estoy cansada. Llevo horas estudiando para un examen. Se acerca la selectividad y tengo que llegar preparada. Mis amigas anoche salieron, pero yo me quedé en casa porque quiero aprobar por todos los medios. De fondo oigo a un jovencísimo Patrick Swayze bailando Hungry Eyes en la tele. Cuántos domingos habrán puesto Dirty Dancing y cómo me gustaría salir al comedor y unirme a mis padres para tragarme la película por enésima vez. Pero tengo que seguir estudiando porque la selectividad son palabras mayores.

De pronto suena el teléfono. Desde mi habitación oigo cómo mis padres hablan de una visita inesperada que se presenta en casa en media hora. Maldigo mi suerte porque quiero aprobar y a este ritmo lo llevo bastante crudo. Pero una visita es una visita. Tendré que dejar los libros por un rato y atenderlos.

El olor a café recién hecho me dice que los invitados están a punto de llegar, así que doy un pequeño repaso, cierro mi cuaderno y salgo para el comedor. Ahí están todos. Amablemente saludo, me siento en el sofá e inicio la típica conversación trascendental. Que si cómo estáis, que si cómo va el trabajo, etc. La merienda termina juntándose con la cena. Maldición, esto se alarga. Cuando me doy cuenta son casi las once de la noche y ahí estamos todos. Ya no aguanto más. Me levanto de mi silla, me despido de los invitados y me voy a dormir. Venga, nos vemos. Así, sin más, me meto en la habitación olvidándome de la visita. Vuelvo a repasar para mi examen y me meto en la cama escuchando las voces de fondo.

Una voz interior me dice: Cristina, esto no está bien. Es de mala educación. Viene gente a tu casa y tú te vas a dormir cuando todavía no se han ido. Pero otra voz mucho más potente me dice: ¿Qué mas da? ¿Qué prefieres, aprobar el examen de mañana o quedar bien con la gente? Aprobar, aprobar, me digo a mí misma.

Mr. WonderfulSi echo la vista atrás, me doy cuenta que siempre he sido dada a hacer lo que quiero o lo que me apetece en un momento dado, independientemente de si es políticamente correcto o incorrecto. ¿Qué hay de malo en eso? Siempre y cuando no haga daño a nadie, seguiré haciéndolo. Hace unos días hice algo políticamente incorrecto y seguramente he quedado mal con algunas personas. Pero sinceramente, no me arrepiento porque lo que he hecho me hace feliz. No hago daño a nadie ni molesto con mi actitud. Solamente me molesto a mí misma si no lo hago. Normalmente no hacemos cosas políticamente incorrectas porque nos dejamos llevar por la marea y por el qué dirán. Y esto hace que nos frustremos actuando de una manera que no queremos.

Haz lo que te de la real gana, pero que te haga feliz. Esta es una frase que leo cada mañana en una taza de Mr. Wonderful que me regaló mi hermana por mi cumpleaños. Y qué cierta es esa frase. ¿Porqué tenemos que dejarnos llevar por la corriente si lo que queremos en realidad es otra cosa? Os voy a dar un consejo: haced lo que queráis con vuestras vidas. Solo así os sentiréis a gusto con vosotros mismos.

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